BURKINA FASO

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El territorio de Burkina Faso tiene una superficie de 274.000 km2 situado en el hemisferio Norte, entre el 10º y el 15º de latitud, entre 5º de longitud Oeste y 2º de longitud Este respecto al meridiano de Greenwich.

Es un país sin fronteras marítimas situado en pleno corazón de África Occidental bordeando el Sáhara. Limita al norte y al oeste con Mali, al este con Níger, al sur con Ghana, al sureste con Togo y Benín y al suroeste con Costa de Marfil.

Sabana húmeda en evolución a sabana seca. El clima es del tipo sudano-saheliano caracterizado por la alternancia de una estación seca y de una estación lluviosa.

La llegada en enero-febrero del viento “Harmattan” proveniente del Sáhara y que trae consigo enormes tormentas de arena anuncia la llegada de la estación seca.

En julio y agosto los vientos procedentes del Océano Atlántico traen consigo fuertes lluvias, es el inicio de la estación húmeda. La estación lluviosa dura de 4 a 5 meses (de junio a octubre), con 600-900 milímetros de agua. Durante estos 30 últimos años las precipitaciones han disminuido entre un 10 y un 20%.

Temperatura: Media anual de entre 20 y 30°C.

Topografía: Su perfil es relativamente plano y la altura media de todo el territorio es de 400 m, con extremos que van desde los 125 m en el sureste (Región de Pama) hasta los 749 m al suroeste (Pico de Ténakourou). El suelo es vulnerable a la erosión hidráulica y eólica y pobre en elementos nutritivos.

 Sabana húmeda arbolada con acacias, karités, baobabs y eucaliptos.

Existen tres carreteras asfaltadas en buenas condiciones desde Bobo Dioulaso hasta Ouagadougou por el Noreste, desde Bobo Dioulaso a Costa de Marfil por el sur y desde Bobo-Dioulasso hasta Mali al oeste (la cuarta está en obras, hacia Dédougou). La comunicación entre los poblados se efectúa a través de pistas y caminos sin asfaltar, en condiciones variables según el mantenimiento y la época del año.

Escasez de agua debido al proceso de desertización que sufre la zona. El agua se obtiene de pozos. A nivel nacional en 2007 sólo el 61% de la población tenía acceso a fuentes de agua mejoradas. En las ciudades existe red de saneamiento, descubierta en algunos tramos. Algunas zonas disponen de fosas sépticas. En algunos poblados existen letrinas con pozos negros, pero en general en el mundo rural no hay saneamiento. La cobertura de acceso a saneamiento en 2007 a nivel nacional era sólo de un 13%.

Únicamente el centro de Ouagadougou y Bobo Dioulaso dispone de líneas telefónicas. Muchas compañías de telefonía móvil tienen cobertura según la zona.

Algunos barrios de la ciudad disponen de suministro de la red estatal y alumbrado público. En el medio rural no hay abastecimiento, la escasa producción propia es siempre mediante grupo electrógeno. Las condiciones climáticas no permiten la energía eólica. El viento harmattan es insuficiente, sólo actúa durante tres meses al año. Debido a la geografía tan plana del país hay pocos ríos y no hay embalses. Se empieza a utilizar la energía solar como solución alternativa.

 Burkina Faso tiene una población de 13.002.000 habitantes para una superficie de 274.000 km2. El reparto es de 99,7 hombres por 100 mujeres, y el 47,3% de la población tiene menos de 14 años. La esperanza de vida es de 46,1 años, y sólo el 4,1% de la población tiene más de 60 años. Con un crecimiento anual del 2,74% se prevé una población de 18.000.000 para el año 2015.

 La población de Burkina está formada por más de sesenta etnias. Los Mossis constituyen la etnia mayoritaria (alrededor del 53%) y viven en el centro del país. Los otros grupos importantes son: al este los Gourmantchés (7% de la población), al norte los Peuls (7,8%), al sur los Bissas (3%) y los Gourounsis (6%), al suroeste, los Samos (2%), Markas (1,7%), Bobos (1,6%), Sénoufos (2,2%) y Lobis (2,5%). Todos estos pueblos hablan lenguas propias.

 La densidad media se sitúa en torno a 47,5 habitantes por km2 pero esta media esconde enormes disparidades, ya que las densidades varían mucho de una provincia a otra. La zona con mayor concentración urbana corresponde a la Zona Central. Por el contrario, las zonas del suroeste, del Sahel y del este están muy poco pobladas.

Más del 80% de la población vive en el campo. Es una de las tasas más elevadas del mundo y explica que el 90% de la gente viva de los recursos agrícolas y que el número de empleos asalariados sea muy bajo. La población burkinabesa se caracteriza por su gran movilidad. Se producen migraciones internas especialmente importantes hacia las zonas Ouagadougou y Bobo-Dioulaso. La tasa de urbanización del país es de, aproximadamente, el 17%. Esto hace que las ciudades se encuentren en expansión.

Ouagadougou es la capital administrativa y tiene más de un millón de habitantes. Bobo-Dioulasso, situada a 360 km de la capital, es la segunda ciudad más importante y capital económica del país. Su población supera los 500.000 habitantes. Las otras grandes ciudades, Koudougou, Banfora y Ouahigouya, tienen cerca de 50.000 habitantes.

 La lengua oficial es el francés, pero existen 68 lenguas o dialectos en todo el país. En la región de Bobo, sobre todo en la ciudad, se habla el dioula (lengua usada para las clases de alfabetización). En el departamento donde se interviene se habla vigue (sólo en esta zona) pero los inmigrantes que vienen del norte hablan more, y los que vienen de Costa de Marfil hablan el dioula. Las clases se imparten por el momento en francés, y la alfabetización en dioula.

La religión predominante es la que se refiere a los cultos animistas y la practica aproximadamente el 65% de la población. Por otro lado, la religión islámica es seguida por el 43% de los habitantes y el cristianismo por el 13%. La etnia Vigue es totalmente islámica.

Los datos revelan que la pobreza en Burkina Faso es un fenómeno esencialmente rural. Así, en las zonas rurales el 48% de la población está considerada como pobre mientras que en la ciudad la tasa es del 18%.

También en el medio rural se producen diferencias dependiendo del lugar de residencia. Éstas se explican por las fuertes diferencias existentes entre las regiones en el acceso a los recursos naturales (agua, tierras fértiles).

El 90% de la población del país vive de la agricultura o la ganadería (40% del PIB real) pero los ingresos que reportan son muy bajos. Éstos alcanzan un importe inferior a los 100.000 FCFA/mes con los que deben vivir una media de 8 personas por familia. A ello hay que añadir la inseguridad que implica vivir de unos ingresos que dependen totalmente de unas condiciones climáticas extremadamente desfavorables en este país saheliano.

El 90% de las exportaciones procede de productos agrícolas (y más del 50% procede del algodón). A menudo se exporta cereales a los países vecinos cuando las condiciones climatológicas de éstos han sido desfavorables. Sin embargo, en muchas ocasiones hay que importar cereales y, al constituir ésta la base de la alimentación de la población, la autosuficiencia alimentaría no está asegurada. El país vivió una crisis alimentaría en 2005.

Una de las primeras consecuencias de esta precariedad es la malnutrición: el 44,5% de los niños burkinabeses sufren un retraso en el crecimiento, y esta malnutrición afecta más a los niños del mundo rural (46,8%) que a los de la ciudad (29,7%).

No es extraño que, en estas circunstancias, las familias no puedan invertir más en salud y en educación, teniendo en cuenta que en este país no se establecen estos servicios como públicos y gratuitos. Estos datos son de 1998, y la situación sigue empeorando.

El proceso de rápida desertización que está sufriendo la zona subsahariana en general y en concreto Burkina Faso, ha provocado un cambio visible en la ya de por sí maltrecha economía del país. Este hecho no hace más que agravar la situación económica de un país que quintuplica sus importaciones a sus exportaciones y que tiene una deuda externa a mediados de los 90 de 1.055 millones de dólares, 111$ per capita.

La escasez de agua y de pozos y la rapidez con que avanza el proceso de desertización afecta gravemente a la agricultura, sustento de la población rural. A pesar de haberse iniciado una adaptación de los sistemas tradicionales de cultivo al nuevo clima y haberse introducido soluciones como la huerta (economía familiar) y proyectos de reforestación, los cambios no pueden ser asimilados por la rapidez de acontecimientos y falta de formación y educación. No existe una cultura de aprovechamiento del agua, ya que tradicionalmente no ha sido una zona especialmente castigada por la sequía.

El gobierno ha iniciado una política de construcción de embalses y en este momento se está cuestionando su eficacia, pues el hecho de tener agua disponible fomenta el desarrollo de la ganadería, actividad económica que está centrada en unos pocos ganaderos procedentes de la ciudad. La extensión de rebaños provoca la disminución de agua disponible para la agricultura y contribuye a la desertización, disminuyendo el área de cultivo frente a las de pastoreo. Existe un conflicto entre agricultores y ganaderos precisamente por el agua. Hay escasez de pozos, que cada vez deben ser más profundos y costosos.

La situación sanitaria del país podría calificarse como “difícil”. El país presenta un perfil epidemiológico poco favorable. Las principales causas de esta situación son: las elevadas tasas de mortalidad y morbilidad, el resurgimiento de enfermedades (p.e. la tuberculosis), las malas condiciones higiénicas y de saneamiento existentes, el bajo presupuesto de los hogares destinado a la salud, el insuficiente personal de sanidad insuficiente, el alejamiento de la población de los centros de salud.

La esperanza de vida disminuye: 53,8 años en 1996 contra 48 años en 2004. Por cada 1000 partos de niños vivos, mueren 5 mujeres a causa del embarazo. Teniendo en cuenta que una mujer va a dar a luz como promedio 7 veces durante su vida, esta situación supone un riesgo constante. De cada 10 niños que nacen vivos, uno muere antes de cumplir un año y otro antes de cumplir 5.

Burkina Faso carece de una red sanitaria básica. Al nivel sanitario la escasez de medios en el mundo rural es grande. Tan solo en las dos principales ciudades, Ouagadougou y Bobo Dioulasso hay centros hospitalarios y ni siquiera éstos son suficientes para cubrir las necesidades de sus ciudadanos.

En Burkina Faso la tasa de alfabetización sólo alcanza al 30% de la población, mientras que la media de los países de África Subsahariana es del 55%. La enseñanza primaria es, en principio, obligatoria y gratuita pero el problema reside en que no hay plazas para todos. Las clases tienen una media de 50 niños, pudiendo llegar hasta 150 niños en determinados casos.

En la década de los 90 y como consecuencia de la acción conjunta del Estado, ONG y otros organismos de Cooperación, empezaron a surgir innovaciones en el sistema educativo cuya finalidad era incrementar la tasa de escolarización. Se trata de las clases multigrado, las de doble flujo y las “escuelas satélites”. En las zonas rurales, es habitual que se junten dos niveles en una misma clase. Con la finalidad de lograr la escolarización de los niños de 7 a 9 años en todos aquellos poblados que no disponían de escuelas, han ido surgiendo las llamadas “escuelas satélites”.

Éstas están gestionadas por las comunidades locales que deben contribuir económicamente en todos los gastos y utilizan durante los primeros años las lenguas nacionales. En 2004, la tasa neta de escolarización en el nivel primario era sólo de un 40% (35% en el caso de las mujeres). Por otra parte, la tasa de escolarización es 4 veces más elevada en la ciudad que en el campo.

El porcentaje de abandono se sitúa en el 13% y es habitual la falta de asistencia a las clases debido a enfermedades, falta de medios económicos de los padres y desinterés por parte del niño. Muchos niños no finalizan la enseñanza primaria y aquellos que han tenido una escolarización reducida o insuficiente caerán en el analfabetismo.